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Mostrando entradas de 2017

Un recuerdo helado

Eran las tres de la tarde cuando el padre Cosme cayó en la cuenta de que sería el único en aquella misa. La gente del pueblo se había ido al monte, y las pocas beatas, las de familias pudientes y con apellidos ilustres, habían encontrado refugio en la fe de un pastor mucho más joven y con frases ingeniosas que tenía unos meses de haberse instalado en el lugar. El padre Cosme se sintió morir cuando doña Beatriz, su principal benefactora en los asuntos parroquiales, se adhirió al séquito de ministras, “apóstolas”, como las hacía llamar el joven pastor con corbata a cuadros. Pero el padre Cosme no se resignaba. Recordó las palabras que le había dicho monseñor Cueva cierta tarde en el seminario. Habían pasado cuarenta años de aquello y lo recordaba como si hubiese sido ayer. Ahora, su cabello estaba tan marchito como el del obispo, y su cuerpo mucho más cansado. Eran tiempos difíciles, pensó. Por primera vez, el padre Cosme se sintió quebrado, como si se le hubiese encarnado el crucifij...

Una mala pasada

                                          Las campanadas del otoño   hacen difícil la primera nevada Roque Dalton Don Mauri pensó que podría echarse otro. Aún no eran las ocho, y la jovencita flaca, con muchos dientes y pocas pecas, seguía a su lado con el cuerpo agitado y con ganas de continuar. Don Mauri sintió su orgullo despeñarse al convencerse de que su vigor ya no era el mismo. Aunque acostumbraba a correr tres veces por semana, su cuerpo se resistía a las velocidades. Estaba cada vez más marchito, con menos jugos, sin el vigor suficiente para satisfacer a esa muchacha cuarenta años menor, y eso lo hacía sentir miserable. Intentó estimular su miembro recordando experiencias añejas con otras mujeres, de complexiones y colores diferentes, de fragancias diversas,  pero por más que se esforzó no consiguió una erección real y permanente, y ante el riesgo d...

El encargo

El Chato se dio cuenta que se le estaba acabando el cigarro cuando sintió el quemón en medio de los dedos. Botó la colilla como solía hacerlo el Pelón: lanzándola con el pulgar y el dedo medio y haciéndola girar en el aire formando una parábola de lumbre que terminaba, siempre, en un albañal. Estaba nervioso, le sudaban las manos, y el frío lo hacía sentir extrañamente vulnerable. Eso no le gustaba. “No la vayás a cagar”, le había dicho el Pelón, y cagarla significaba una tortura de horas. Lo sabía. La semana pasada había ayudado al Chele a sacarle la verdad a un vendedor ambulante al otro lado de la calle. Se había hecho chavala , decían. No había de otra más que quebrárselo sin importar que hubieran sido compañeros de escuela, a pesar de haber compartido pupitre en el aula de tercer grado. La pandilla no perdona.  Faltaban cinco a las ocho, y el encargo no aparecía. Se arrimó al poste y miró la foto de Belén para olvidarse por un rato del asunto. “So...

Un plan

Cuando entró, vio los cuerpos de sus seres queridos esparcidos por toda la sala. Se sintió rota, quebrada, como si un estafador se hubiera aprovechado de ella. Se le ocurrió llamar a la policía, pero esa idea pronto murió al imaginar que no le creerían y que podría ser señalada como la principal sospechosa por sus antecedentes penales y de violencia. Se sentó en una silla de madera a esperar a que cayera la noche. No podía creer lo que veía.  Sintió frío. -Algún plan se me ocurrirá- pensó.

Babel

  —Sí—dijo el tipo—, van a llegar lejos, y eso es sólo el cimiento. Desde la ventana se podía ver la torre. Yo ya había visto sus cimientos unos meses atrás, pero nunca imaginé que se tratara de una edificación tan descomunal como aquella.  —Van a llegar hasta el cielo—dijo de pronto un tipo, al lado del camino.   —La columna es de basalto— dijo el anciano, dibujando una columna con sus manos— Las columnas de basalto son resistentes, y esta estructura va a ser de piedra, ¡de pura piedra muerta! La gente se detenía a contemplarla por unos instantes y luego seguían su camino. Desde donde yo vivía se veía diminuta, chiquitita, y aún así impresionaba demasiado.  Los cuatro nos quedamos un rato, ahí, viéndola, y tuve la impresión de que los demás también se sentían pequeños.  N os cobijamos en la fría sombra de la columna principal.  Ya no hacía viento. —Quizás no lleguen hasta el cielo— dije. —No se puede llegar hasta el cielo— dijo e...

El libro robado

Cuando vi el libro, me descompuse. Lo había estado buscado por a ñ os, después de que lo encontrara en la biblioteca de la universidad entre los estantes de diccionarios y libros de lingüística. Me pareció un descubrimiento sobrenatural, sobre todo porque una reliquia como aquella merecía estar en cualquier un lugar de culto, y no en una vieja venta de libros de segunda. Ahora, luego de casi tres décadas, estaba ahí, asequible, a escasos centímetros de mí, en medio de una torre de tratados que parecía que estaba a punto de caerse en cualquier instante. Traté de contenerme hasta lo más profundo para no mostrar interés. Me limpié el sudor de la frente y me recompuse el traje hasta adoptar una actitud despreocupada, totalmente desinhibida.      —     Disculpe — llamé— ¿ Cuánto por ese librito? El anciano levantó la vista del periódico. Se acomodó los lentes y alargó el cuello hasta mirar el libro de pasta oscura en medio de la torre de libros de colore...

Cinco poemas acústicos

¿Qué somos? ¿Qué somos? No somos nada Sólo somos fuego, agua y abismo Sólo somos verso y tierra Somos el aire suspendido en todos los puentes colgantes Somos vacío Somos la grieta que se abre en medio de las cornisas Yo soy papel y tú, sueño.    No vengas  No vengas a buscarme Por favor, no lo hagas Romperías el equilibrio de esta casa Que se sostiene de una pluma sobre el lago de mis demonios Se hundiría irremediablemente Entre el líquido de los muertos Un líquido lleno de deseos y sonrisas agridulces Uno lleno de piel y pestañas largas Con olor a pan y legumbres podridas en el refrigerador Por eso, por favor, no vengas aquí Realmente no es tan necesario Uno debe aprender a morir lento Y a coser su boca con alambre de púas Con púas de piel de cebra Con filos como labios de niños No vengas porque ya me acostumbré a no verte Y no te lo digo como un reproche Esto es todo, menos eso Te lo digo como un la...

Poema inacabado con punto y final

Todavía pienso en tus ojos cargados de mariposas y tu sonrisa de miel demasiada dulce para mis fantasmas tus manos pequeñas y escurridizas tu dedo del pie torcido y la cicatriz que llevas en el hombro        como medalla al mérito de una tarde de travesuras. Todavía pienso en tu olor a café por las mañanas en tu cabello caído que poblaba mis almohadas en el pan integral que no me gustaba tu postura hilarante al sentarte dentro de mi carro y tu manera de celebrar cuando algo de verdad te entusiasmaba. Y me sentí orgulloso de ti, sabes y te soñé e imaginé distinta y quise inventar un mundo donde no existieran los ratones levantar una casa con yerberas y vaquitas y viajar en una lancha donde nunca tuvieras que bajarte. Pero no me alcanzó el tiempo, amor no me alcanzó la fuerza no me alcanzó el dinero quizás, no me alcanzó el destino y regresé a la casa pisoteado por los días y te encontré y saboreé distinta y descubrí que eras sólo una caricatur...

Poemas eróticos

Deseos  Esta noche he vuelto a pensar en ti y en tu piel de fuego, mujer en tu aroma a misterio y tus manos ansiosas que saben dónde y cuándo tocar y te confieso que me he hinchado de ganas por incinerarme en tus deseos de lanzarme de cabeza en el laberinto de tu cuerpo y respirarte los sueños devorarte el aliento y hacer que me desarmes con la misma intensidad con que te llevo hasta la punta del delirio. Por eso déjame deslizarme otra vez en ti, mujer entrar y salir una y mil veces entre las llamas de tu hoguera desbocarme la vida en el centro de tus entrañas mientras me tomas de la cabeza y me obligas a gritar tu nombre mientras me obligas a respirar tu aire mientras exiges hasta la última gota de mi ser y me dejas al final tendido moribundo naufragando entre las rosas de tus pechos y aferrado como un niño a la ribera de tu cintura de mujer.  Ayer Ayer te soñé desnuda, mujer tus piernas colgaban en mi cuello y yo bebía de tu esencia con fruic...