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Mostrando entradas de mayo, 2017

El encargo

El Chato se dio cuenta que se le estaba acabando el cigarro cuando sintió el quemón en medio de los dedos. Botó la colilla como solía hacerlo el Pelón: lanzándola con el pulgar y el dedo medio y haciéndola girar en el aire formando una parábola de lumbre que terminaba, siempre, en un albañal. Estaba nervioso, le sudaban las manos, y el frío lo hacía sentir extrañamente vulnerable. Eso no le gustaba. “No la vayás a cagar”, le había dicho el Pelón, y cagarla significaba una tortura de horas. Lo sabía. La semana pasada había ayudado al Chele a sacarle la verdad a un vendedor ambulante al otro lado de la calle. Se había hecho chavala , decían. No había de otra más que quebrárselo sin importar que hubieran sido compañeros de escuela, a pesar de haber compartido pupitre en el aula de tercer grado. La pandilla no perdona.  Faltaban cinco a las ocho, y el encargo no aparecía. Se arrimó al poste y miró la foto de Belén para olvidarse por un rato del asunto. “So...

Un plan

Cuando entró, vio los cuerpos de sus seres queridos esparcidos por toda la sala. Se sintió rota, quebrada, como si un estafador se hubiera aprovechado de ella. Se le ocurrió llamar a la policía, pero esa idea pronto murió al imaginar que no le creerían y que podría ser señalada como la principal sospechosa por sus antecedentes penales y de violencia. Se sentó en una silla de madera a esperar a que cayera la noche. No podía creer lo que veía.  Sintió frío. -Algún plan se me ocurrirá- pensó.

Babel

  —Sí—dijo el tipo—, van a llegar lejos, y eso es sólo el cimiento. Desde la ventana se podía ver la torre. Yo ya había visto sus cimientos unos meses atrás, pero nunca imaginé que se tratara de una edificación tan descomunal como aquella.  —Van a llegar hasta el cielo—dijo de pronto un tipo, al lado del camino.   —La columna es de basalto— dijo el anciano, dibujando una columna con sus manos— Las columnas de basalto son resistentes, y esta estructura va a ser de piedra, ¡de pura piedra muerta! La gente se detenía a contemplarla por unos instantes y luego seguían su camino. Desde donde yo vivía se veía diminuta, chiquitita, y aún así impresionaba demasiado.  Los cuatro nos quedamos un rato, ahí, viéndola, y tuve la impresión de que los demás también se sentían pequeños.  N os cobijamos en la fría sombra de la columna principal.  Ya no hacía viento. —Quizás no lleguen hasta el cielo— dije. —No se puede llegar hasta el cielo— dijo e...

El libro robado

Cuando vi el libro, me descompuse. Lo había estado buscado por a ñ os, después de que lo encontrara en la biblioteca de la universidad entre los estantes de diccionarios y libros de lingüística. Me pareció un descubrimiento sobrenatural, sobre todo porque una reliquia como aquella merecía estar en cualquier un lugar de culto, y no en una vieja venta de libros de segunda. Ahora, luego de casi tres décadas, estaba ahí, asequible, a escasos centímetros de mí, en medio de una torre de tratados que parecía que estaba a punto de caerse en cualquier instante. Traté de contenerme hasta lo más profundo para no mostrar interés. Me limpié el sudor de la frente y me recompuse el traje hasta adoptar una actitud despreocupada, totalmente desinhibida.      —     Disculpe — llamé— ¿ Cuánto por ese librito? El anciano levantó la vista del periódico. Se acomodó los lentes y alargó el cuello hasta mirar el libro de pasta oscura en medio de la torre de libros de colore...

Cinco poemas acústicos

¿Qué somos? ¿Qué somos? No somos nada Sólo somos fuego, agua y abismo Sólo somos verso y tierra Somos el aire suspendido en todos los puentes colgantes Somos vacío Somos la grieta que se abre en medio de las cornisas Yo soy papel y tú, sueño.    No vengas  No vengas a buscarme Por favor, no lo hagas Romperías el equilibrio de esta casa Que se sostiene de una pluma sobre el lago de mis demonios Se hundiría irremediablemente Entre el líquido de los muertos Un líquido lleno de deseos y sonrisas agridulces Uno lleno de piel y pestañas largas Con olor a pan y legumbres podridas en el refrigerador Por eso, por favor, no vengas aquí Realmente no es tan necesario Uno debe aprender a morir lento Y a coser su boca con alambre de púas Con púas de piel de cebra Con filos como labios de niños No vengas porque ya me acostumbré a no verte Y no te lo digo como un reproche Esto es todo, menos eso Te lo digo como un la...