Una mala pasada
Las campanadas del otoño hacen difícil la primera nevada Roque Dalton Don Mauri pensó que podría echarse otro. Aún no eran las ocho, y la jovencita flaca, con muchos dientes y pocas pecas, seguía a su lado con el cuerpo agitado y con ganas de continuar. Don Mauri sintió su orgullo despeñarse al convencerse de que su vigor ya no era el mismo. Aunque acostumbraba a correr tres veces por semana, su cuerpo se resistía a las velocidades. Estaba cada vez más marchito, con menos jugos, sin el vigor suficiente para satisfacer a esa muchacha cuarenta años menor, y eso lo hacía sentir miserable. Intentó estimular su miembro recordando experiencias añejas con otras mujeres, de complexiones y colores diferentes, de fragancias diversas, pero por más que se esforzó no consiguió una erección real y permanente, y ante el riesgo d...