Cinco poemas acústicos

¿Qué somos?

¿Qué somos?
No somos nada
Sólo somos fuego, agua y abismo
Sólo somos verso
y tierra
Somos el aire suspendido
en todos los puentes colgantes
Somos vacío
Somos la grieta que se abre en medio de las cornisas
Yo soy papel
y tú, sueño.
  

No vengas 

No vengas a buscarme
Por favor, no lo hagas
Romperías el equilibrio de esta casa
Que se sostiene de una pluma sobre el lago de mis demonios
Se hundiría irremediablemente
Entre el líquido de los muertos
Un líquido lleno de deseos y sonrisas agridulces
Uno lleno de piel y pestañas largas
Con olor a pan y legumbres podridas en el refrigerador
Por eso, por favor, no vengas aquí
Realmente no es tan necesario
Uno debe aprender a morir lento
Y a coser su boca con alambre de púas
Con púas de piel de cebra
Con filos como labios de niños
No vengas porque ya me acostumbré a no verte
Y no te lo digo como un reproche
Esto es todo, menos eso
Te lo digo como un lamento del estómago
Como un quejido de sueño
Te lo digo porque ya memoricé todas las arrugas de mi cama
Todas las grietas de mi techo
Todas las erupciones de mi piel
Con todo y sus escalofríos:
Ya tengo una familia.
Solo no te sientas obligada a visitarme
Yo entenderé, como siempre
Que allá afuera hay un mundo qué salvar, cuentas qué pagar
Que la gente siempre dice cosas bobas
Que la vida es larga y siempre hay más tiempo que vida
Solo que me recuerdes
Solo eso me basta
Porque un recuerdo también es una existencia


Es triste

Es triste verse del otro lado del naufragio
Y  verse escondido
Debajo de las piedras 
y los huecos de las paredes
En las bisagras viejas 
de las muchas puertas oxidadas
(Articulaciones rancias de la casa 
donde alguna vez habitó la gloria)
Yo antes era libre, y no me gustaba pedir favores
En ese entonces usaba las piernas para correr
Y para arrancarme el fuego y los segundos de las horas
Que se me pegaban como alas de mosquito entre las paredes de la conciencia
En la piel
Pero ahora vivo en una ciudad sin lágrimas
Una ciudad que cruje con dientes de martillo
Que mastica los cabellos de los niños extraviados
Los  gritos de las mujeres
La sangre de los incautos
Una ciudad de filos
Que acuchilla los vientres de las niñas inocentes
Y apila pequeñas muertes entre los marcos y las esquinas de sus ventanas

Una ciudad sin hijos
Una ciudad donde la vida es fuego y muerte
Donde la vida no es más que un sueño con sabor a humo
y un profundo dolor a metal.


Es difícil correr todavía detrás de los fantasmas

Es difícil correr todavía detrás de los fantasmas
Es como correr en el aire
Y sentir el peso de los años oxidándose entre el pecho
y las entrañas de la culpa
Es como intentar llorar
cuando el llanto se te ha cuajado en amaneceres
Y uno es solo una bolita rota
Al fondo de un tarro mágico de cristal

Sin título 

No es que se me haya muerto el amor por ti
Simplemente lo he perdido
Lo busqué en todos los rincones de mi alma
En la sala de la conciencia
En los pasillos olvidados del remordimiento
Y no lo encontré
Quizá se me escapó lentamente hasta el cansancio
Se me fugó así de lento
Como se le escapa el aire a un globo 
Se me ha ido solito
Y  me ha dejado un enorme hueco entre el pecho y la culpa
Un enorme vacío que sabe a vinagre y hielo
un hilo de aliento muerto
una sombra de calor
un cariño
un recuerdo

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un plan

El libro robado

Babel