Náufrago
Hoy me desperté y vi a Bianca en la entrada de mi puerta. No tenía rostro ni pies. No pude evitar sentir dolor al verla, y sentir el mismo vacío que ella cargaba en el pecho, tan lleno de negro y dolor que podía escucharlo desde el otro lado del cuarto. Deseé abrazarla, lo juro, deseé pararme y correr hasta sus brazos y decirle que el dolor ya había sido suficiente, que con este vacío bastaba, y que por favor, regresara, que no volvería a convertirme en fiera, no a menos que ella me lo permitiera, pero se limitó a verme (sentía su mirada penetrando todo mi ser) y a girar su cabeza una y otra vez hasta hacerse invisible y diluirse entre los cristales de la ventana.
Nada más dejó su camisón oscuro, y en él, su aroma de mujer.
Vivo a poquedades sin ella.
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